miércoles, 31 de agosto de 2011

Grasa, dolor cervical y síndrome de estrés postraumático.

Un cuello.

Os dejo una traducción (bastante libre, si me lo permiten) de un texto de Dave Walton sobre el Síndrome del Latigazo Cervical y la respuesta al estrés que leí hace unos días. Insisto en que la traducción no es literal, ni pretende serlo, pero creo que la idea principal quedará bastante clara...

Conceptualizing whiplash from a stress-response perspective (Conceptualización del latigazo cervical desde una perspectiva de respuesta al estrés).

(...) Consideren que, en general, existe relativamente poca evidencia que apoye que una única lesión tisular pueda provocar la miríada de posibles signos y síntomas del WAD (Whiplash Associated Disorder o Síndrome del Latigazo Cervical). Lo que tenemos son grupos de investigación que encuentran que, habitualmente en un subgrupo de pacientes, existe una asociación entre los síntomas del WAD y una lesión tisular en particular (como lo son las articulaciones cigoapofisarias de Bogduk a mediados de los 90, o los ligamentos alares de Kaale a mediados de los 2000, por ejemplo).

Prácticamente cualquier estructura del cuello (o más allá) en la que pensemos ha sido implicada en algún momento como causante de los síntomas del WAD. Pero generalmente estos hallazgos, o no se han reproducido, o no se sostienen cuando grupos de investigadores independientes intentan lo mismo. Esta clase de hallazgos ha llevado al Neck Pain Task Force a concluir que no existían tests diagnósticos fiables disponibles en 2008 para identificar lesiones no catastróficas del cuello.

Pero como sabemos del mundo del dolor, la ausencia de patología visible no signifia que esta condición no exista. El WAD es claramente una afección real, y en ocasiones, muy incapacitante. Se han propuesto numerosos mecanismos de por qué algunas personas se recuperan sin problemas, mientras que otras se enfrentan a problemas persistentes. El modelo de lesión tisular específica es uno de las vías propuestas. Otras incluyen la vía cognitivo-conductual o "miedo-evitación", el modelo del contexto médico-legal, las expectativas, estrategias de afrontamiento, etc (...).

Consideren el trabajo de CONROD (Centre of National Research on Disability and Rehabilitation Medicine) en la Universidad de Queensland. La Dra. Michele Sterling y sus colegas han demostrado que los síntomas de estrés postraumático parecen ser un factor de riesgo para los síntomas persistentes. El DrJim Elliot comenzó su trabajo evaluando la infiltración grasa en la musculatura profunda del cuello (extensores y flexores), y encontró que la gente con WAD crónico tenía estadística y clínicamente mayores ratios de grasa:músculo. El mayor predictor de al infiltración grasa en la musculatura profunda fue... Síntomas de estrés postraumático en la fase aguda de la lesión.

El miedo, el catastrofismo, el estrés postraumático, la depresión... todos ellos podrían ser clasificados en gran medida parte del amorfo constructo del "distress" (en este texto, el autor utiliza distress para distinguir el estrés negativo del positivo). Y por supuesto, el estrés no tiene por qué ser emocional, también puede ser físico. Tanto el calor como el frío extremos son dos claros ejemplos (...) Sin duda, el dolor y las lesiones también podrían ser considerados como factores de estrés. Añade el dolor y la lesión a una experiencia muy traumática, como un accidente de coche, que se produce en un entorno altamente medicalizado y contencioso, y tenemos la receta perfecta para una respuesta al estrés exagerada o disfuncional.

Cuando pienso en respuesta al estrés, pienso en el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal, que forma parte del eje simpático-adrenal-medular. La actividad en el eje, ya sea estimulada por el estrés emocional o físico, culmina en la liberación de la hormona del estrés, el cortisol. El cortisol tiene muchas buenas funciones (prepara el organismo para la lucha o la huida). A corto plazo, es un salvavidas. Pero tenga mucho cortisol, o una cantidad pequeña durante mucho tiempo, y las cosas empezarán a ponerse feas. Inflamación crónica (a través de su influencia sobre las citokinas), transtornos del sueño, atrofia muscular (destruyendo proteínas para conseguir energía), transtornos cognitivos, dolor corporal generalizado... esperad un minuto, esto empieza a sonar como otras afecciones (...)

Al final, Walton dice que está claro que nadie desarrolla dolor crónico por tener miedo del dolor, siempre falta una conexión entre los distintos modelos, y él cree que la ha encontrado en el campo de la respuesta al estrés. Y como él, opinamos muchos.

No es casualidad que esos pacientes que muestran síntomas de estrés postraumático las primeras semanas de fisioterapia, sean los que se recuperan peor. Ahora sabemos que hay correlación estadística, clínica, y, sobretodo, tenemos imágenes que lo demuestran. Lo que es una pena es que, en muchos casos, el tratamiento especializado (farmacológico, y, especialmente, psicológico) se retrase varios meses: generalmente se envía al paciente al psicólogo cuando ya no sabemos que hacer con él (y cuando el daño ya está hecho). Sería un detallazo que muchos médicos con los que trabajamos a diario, echaran un vistazo a los papers y no nos tomaran por locos cada vez que alertamos de un caso potencial de cronicidad ante un latigazo cervical.

Harina de otro costal son las Mutuas Laborales, donde es difícil, por no decir imposible, encontrar un médico que al que le importen tres pepinos los síntomas del paciente desde el día que sale por la puerta con el alta en la mano.

Pasen un buen día.

PD: tengo que confesar que hace un par de años estuve en un curso con Gwen Jull, donde nos contó que ese estudio de la "infiltración grasa" estaba en marcha, y llevaba desde entonces esperando volver a oir hablar de ello.

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