Hoy la he visto en la sala de espera. Esperando, claro.
Siempre que la veo pienso lo mismo. Su cara me suena. Estoy seguro de que la he tratado alguna vez. Debe hacer siglos, porque no recuerdo su nombre. Si, inexplicablemente me acuerdo de una cantidad brutal de nombres de pacientes, pero se me olvidan las inserciones musculares más obvias.
Vaya. Me ha visto. Levanta las cejas. Hola. Hola.
Media hora después pasa por la puerta del gimnasio. Se asoma. Saluda. ¿Que tal? ¿Todo bien? ¿Como está Susana?
¿Susana? Hace 7 años que no trabaja aquí.
Intercambiamos dos frases y hasta la próxima.
Ahora me acuerdo. Claro que la traté. Hace 8 años, cuando yo ni siquiera trabajaba aquí y venía durante las vacaciones a hacer unas horas.
Pero me suena de algo más. La veo casi todos los meses esperando para su consulta con el médico. Este año. Y el anterior. Y el anterior a ese.
Miro el ordenador. Desde que nos conocimos, ha estado de baja 1.558 días y contando. Un momento, que vuelva a mirar la calculadora. Si. Cuatro años. Uno de cada dos días, durante ocho años, no ha ido a trabajar. Y yo la veo bastante bien. De hecho, cuesta creer que no pueda trabajar. Pero ningún equipo de valoración de la Seguridad Social ha considerado que le corresponde una incapacidad laboral. Ni falta que le hace.
Es una baja de la seguridad social. Intocable.
Imagino que su médico de familia, ese que en ocho años no ha sospechado nunca de que la paciente esperase los meses y un día de rigor para ir a por otra baja, dormirá muy tranquilo. Quiero pensar que la paciente tiene graves problemas familiares y que por eso le dan todas las bajas que pide. Para ayudarla.
No quiero pensar que, sencillamente, a su médico le da igual. Que no le importa si trabaja o no. Que no es consciente del dinero que cuesta, ni de que un problema laboral no se debe medicalizar para defender a una de las partes, aunque ésta sea la más débil.
Si, supongo que dormira la hostia de tranquilo.
Nota del autor: para este relato, he eliminado todos los datos personales (lógicamente), pero los 1.558 días de baja (que a día de publicar esto serán unos cuantos más) es totalmente real.
No sé si reír o llorar porque esto ocurra de verdad. Es increíble como alguien puede estar 4 años durante los últimos 8 sin trabajar y aquí nadie hace nada. Luego la gente se queja, y con razón, porque pagamos justos por pecadores. Tenemos un sistema que nos protege y nos lo cargamos por culpa de los jetas que hay por ahí sueltos.
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